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Nuestro salto de cama fue siempre la pantufla peludita de la propaganda. Una revista matutina televisada como un shot de maldiciones anunciaba con el gallo nuevas propuestas de ley, que antes de ver la luz popular ya eran regulaciones, circulares, leyes. Si decían “a partir de ahora”, la gente sentía que se trataba de una nueva maldición. Así y todo las madres todavía repasaban a plancha las pañoletas isósceles rojas o azules y los niños sosteníamos en nuestras manos un jarrito de aluminio de café con leche caliente y una pequeña porción de pan de flauta con mantequilla. Fue en 1986, que mi madre harta de las maldiciones, bajó hasta mutis el botón de volumen del televisor y en su lugar encendió la radio en un gesto de fé. Mi padre la caminaba cargada por toda la casa, a la radio, hasta que en un punto exacto entre la cocina y el patio, dos pasos más al centro y agachados, se producía el milagro de las ondas que nos adentraban en la frecuencia mundial.

“¡Buenos días Cuba -decían, desde el Cabo de San Antonio a la Punta de Maisí y allende el mar. Todas las mañanas abría el día una clave que cantaba así:

Aquí falta señores una voz

Aquí falta señores una voz

De ese sinsonte cubano

De ese mártir hermano

Que Martí se llamó

Ay, se llamó

Martí no debió de morir

Ay, de morir

Por ser el maestro y el guía

Si Martí no hubiera muerto

Otro gallo cantaría

La patria se salvaría

Y Cuba sería feliz

Si Maceo volviera a vivir

Y a su patria infeliz contemplara

De seguro la vergüenza lo matara.

O el cubano se arreglara

O él se volvería a morir..

Martí, no debió de morir, ay de morir.

Urí, urí, urí, urí, urá…

Ya iba de salida a la escuela cuando una voz femenina iniciaba una sesión mágica: “escúchame como si estuviera en la sala de tu casa, como si tomáramos un café todos juntos”. A veces me quedaba un poco más y escuchaba a la Rutmini que daba el parte metereológico de los astros prohibidos. La Rutmini decía:


—Luna Llena en Cáncer hoy. Sueña el futuro, suelta el pasado y aprovecha la herramienta que nos trae la intuición. Nada y recréate en los universos acuáticos de las emociones recién nacidos en la suavidad de la nueva luz lunar.

En la escuela titulé una composición “Cuba sería feliz con luna llena en Cáncer”, y mandaron a buscar a mi madre.

A mi amiga Mabel no la dejaron jugar conmigo en todo el verano, porque una mañana su tío descifró la clave de Cabrisas-Farach trinando en la ventana de mi casa.

—Papá, ¿qué es allende?


—Más allá, mi niña, allende es más allá.

 

Pie de foto: Una madre cubana repasando la pañoleta a las 6:00 de la mañana.

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