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Barbacoa Montessori

Cuando mis hijes nacieron en sus años correspondientes pude lactarles a libre demanda. Hicimos piel con piel sobre hermosos tonos diferentes, en los tres momentos, y estimulé, estimulé, estimulamos. Hubo diálogos cambio de pañal y diálogos cucharadas aviones Luna Airlines, diálogos palangana, diálogos pecho izquierdo y pecho derecho, diálogos REM en un sillón. Pudimos seguir el decálogo Montessori en versión libre adaptada. Su padre y yo les construimos una «barbacoa». 

La altura de la barbacoa permitió que todo, todo, todo, estuviera al alcance de sus manos cuando aún no levantaban una cuarta del piso. La altura de otras cosas ha sido tan alta que solo han sido alcanzadas por ellos en escaleras de peldaños moldurados de imaginación. En muebles longevos que no fueron hechos para ellos, han encontrado historias con olores de aparador. Ni siquiera fueron tampoco mis muebles primogénitos. En uno de ellos mi abuelo llevaba la contabilidad de sus turrones de maní molido, guardaba botellas de miel y de aguardiente y albergaba una estampita de Santa Bárbara Changó. En el interior de uno de ellos, una mesita de noche con puertecita, yo cuidé de Valia, una madre del vinagre, cuando tenía 13 años. 

Sus manos han conectado con texturas viejo brazo de guitarra de palisandro sin la cuarta cuerda, piso granito granulado corroído de aguaceros y baldeo creciendo hierbajos entre ranuras, baldosa hidraúlica recién trapeada, tierra, pelaje gato, pelaje perro, fragancia Galán de Noche, pistilo de Marpacífico, vaina de Framboyán, resina de Cedro en Menguante, espigas de palmas recién nacidas, mocos, herrumbre, relieve del cristal jaspeado, vieja porcelana craquelada, estambre viejo sin estrenar, algodón, espejos, tul, pared descascarada, azulejo, salamandra fría casi transparente, negativos velados, salitre en forma de vapor, semilla de mamey, cáscara de mamey, pulpa de mamey, piel de abuelos, piel de abuelas. Sus dedos transportaron sin proponérselo el polen de algunas flores. Polinizaron. 

Absorbieron palabras y onomatopeyas, pío, pío, pío, estrellita, beeeee beeeeeee, cascabeles, din don, aserrín aserrán, cuac cuac, cachumbambé, jícara, heliotropo, tuti, moon, sun, raspadura, marshmellow, ajonjolí, pizquita, jau jau, miau miau, lunera, riiiiiing, zig zag, topi topi, tas tas. !¿ Quién me quiere a mí?!

Los períodos críticos de aprendizaje han coincidido con períodos especiales, más y menos represivos, de aprendizaje brutal, donde se han visto limitadas la autodeterminación, la libertad y la actividad espontánea. Las guarderías círculos infantiles han sido nombrados Guerrillerito Heroico, Pequeños mambises, Niños Héroes de Chapultepec, Los Milicianitos, Amiguitos Aguerridos, El Obrerito, Artilleritos, Pequeños Internacionalistas, Futuros Guerrilleros, Obreritos de Acero, Pequeños Fundidores, Amiguitos del Comercio, El Soldadito Travieso, Constructores del Futuro, Semillitas de la Patria, Futuros Hombres de Acero, Futuros Comunistas, Pequeños Titanes, Soldaditos del Silencio, Boinas Rojas.

Una vez en la escuela, celebrarán aniversarios de muerte, lutos ajenos, efemérides duelo, campos de batalla, el color de la sangre derramada, el Beso de la Patria, incumplidor/ cumplidor/ vanguardia/ destacado, una estrella solitaria; lo cual no dejará tiempo – espacio alguno para preparar el ambiente propicio donde tiene lugar lo individual en armonía y facilidad de libre movimiento. En la escuela nunca han explicado cómo se construye una barbacoa:

  1. se escoge un lugar de la casa, de preferencia que sea un puntal colonial.
  2. se adiciona el entrepiso con tablones de madera o en mampostería, lo que se convertirá en una habitación. 

Hemos observado sus tendencias humanas para guiarnos y aprender. A veces me he quedado dormida, he echado un pestañazo, un sueño de estudiante al mediodía, pero sigo atenta a sus tendencias humanas. Muy atenta. Hemos ensayado la democracia en juegos de roles y se han familiarizado bastante rápido con el concepto. En uno de los ejercicios que hacemos juntos, escribimos la palabra sobre el papel, y la repetimos varias veces una sobre otra para sembrarla en la conciencia: democracia, diptongo ascendente: cabeza, tronco y extremidades.

Para que sigan siendo niños, he debido distraer sus ojos y sus oídos, con Veo Veo. ¿Qué ves? Una cosa. También hemos corrido hasta el mar y nos hemos zambullido en apneas cortas para que la mente consciente se enchumbe de sal y minerales, piedras cerebros marinos, y corales, erizos, y mareas, algas, conchas y caracoles reinas, cobos y anémonas. En el agua dulce menos densa la mente esponjosa se hunde pesada hasta el fondo, y cae sobre el roce de chinas pelonas y gravilla. Si nos quedamos muy quietos entre la hierba que vive a la orilla del río, se siente el movimiento nástico de la dormidera, el romerillo, el girasol, la hierba mala. La zona de lectura se mueve constantemente: a la cola del Alergista que es muy grande siempre, al parque, a la puerta de la calle en el apagón nocturno con abanicadas de periódico. Si quiero detectar sibilancias les pido que lean en susurro una oración, o me cuenten un secreto. La zona de lectura nocturna es la más grande. Nos sentamos en cualquier lugar, en especial uno donde las historias pasan haladas por bueyes que traen el sueño en sacos encima de una carreta. 

La barbacoa no está recargada de juguetes, solo una triada: heredados racionados, heredados libres, remendados enmendados. Es ordenada y tiene cierto sentido estético, a golpe de tramoya de la que penden los espacios más accidentados e insólitos. Los sentidos han sido entrenados en la contingencia, por y para la contingencia. Algunos gestos obligatorios han debido desaprenderse en casa, repitiéndose al revés en secuencia para desterrarlos con fuerza de la memoria muscular, y echarlos fuera. Si cae una gota de agua sobre nuestro papel de color se chorrea y traspasa todo lo demás. Alimentos alcalinos encontramos algunos prototipos: pimiento, col, cebollino, berenjena, calabaza, boniato, coco, aguacate, malanga, remolacha, entre muchos acidificantes: azúcar, la uniformización, harinas refinadas, el Mural del aula, aceites refinados, el matutino.

Una vez compramos fresas.

Pie de foto: Zona de lectura.

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